Frederic Tudor: el Rey del Hielo

Frederic Tudor: el Rey del Hielo

Frederic Tudor fue un empresario americano nacido en Boston (Massachusetts) en 1783. Es conocido como el “Rey del Hielo” y el inventor de los cubitos. Tudor fue un visionario que con sólo 22 años tuvo la revolucionaria idea de cosechar el hielo invernal de los estanques y ríos de Nueva Inglaterra y exportarlos a las cálidas costas del Caribe.

Frederic Tudor escogió como primer destino de su transporte de hielo la colonia francesa de Martinica donde podían ser usados para enfriar las bebidas, conservar la comida y calmar a los pacientes que sufrían de fiebre amarilla.

Frederic Tudor de joven

Frederic Tudor de joven.

Su aventura provocó las risas de toda la ciudad y su proyecto fue considerado una locura. Frederic Tudor no pudo encontrar ningún mercader dispuesto a transportar hielo dentro de su barco, así que tuvo que comprar el suyo propio. Zarpó en 1806 con 130 toneladas de hielo de un estanque familiar a las afueras de Boston. Aunque la mayor parte del hielo sobrevivió envuelto en heno al viaje de tres semanas, rápidamente se fundió en Martinica al no tener donde almacenarlo. Perdió 4.000 $ en el viaje.

A pesar de su primer fracaso, al año siguiente embarcó 240 toneladas de hielo a La Habana, pero siguió sin obtener beneficios. La guerra de 1812 dañó el mercado naval americano y pusieron el negocio de Tudor pendiente de un hilo. Con sus pérdidas acumulándose, Tudor acabó dos veces en la prisión de deudores, sin embargo siguió adelante. Aprendiendo de sus errores, se aseguró de que se construyeran recintos donde conservar el hielo en los puertos donde llegaba y sus lugares de abastecimiento. Descubrió que el serrín evitaba el derretimiento mejor que el heno. El bostoniano ganó el monopolio en la Habana y Jamaica y tuvo un éxito en Charleston, Savannah y Nueva Orleans.

Frederic Tudor usó una hábil estrategia de marketing: conseguía su clientela dando gratis su producto al principio, esperando que los que lo recibían se engancharan y volvieran como compradores dispuestos a pagar por él. Pero la carga de trabajo le llevó a la ansiedad, el cansancio y un ataque de depresión en 1821.

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El tráfico de hielo de Frederic Tudor despegó cuando se unió a Nathaniel Wyeth, uno de sus proveedores, quien inventó el cortador de hielo tirado por caballos. El nuevo método de Nathaniel consistía en “arar” el hielo con unas cuchillas que marcaban surcos paralelos de 10 centímetros de profundidad sobre la superficie del hielo. Después los trabajadores hacían agujeros en el hielo por los que introducían sierras con las que cortaban los bloques de hielo a su tamaño final de unos 60×60 centímetros.

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La innovación de Wyeth reemplazó el laborioso proceso de obtención de hielo con picos, cinceles y sierras, permitiendo la producción en masa. Además, los bloques uniformes podían ser almacenados juntos entre sí para minimizar la fusión, y el hielo cortado con el nuevo sistema tenía una apariencia más limpia, que hacía que fuera más fácil de vender.

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La revolucionaria tecnología fue puesta a prueba cuando Frederic Tudor embarcó hielo en un viaje de 26.000 km de Boston a Calcuta en 1833. A pesar de pasar cuatro meses en el mar, prácticamente las 180 toneladas llegaron a la India intactas. El hielo cristalino de Nueva Inglaterra causó tal sensación en Calcuta, que en tres días los residentes encargaron la construcción de un depósito de hielo.

Finalmente, Frederic Tudor había probado que era posible producir en masa un suministro de hielo natural y entregarlo con éxito a cualquier parte del mundo donde existiera una demanda. Hubo una explosión en el comercio de hielo y Tudor se convirtió en un magnate del negocio. La India era el reino más rentable del Rey Hielo. En 1856, cerca de 150.000 toneladas de hielo al año dejaban sus barcos de Boston a 43 países extranjeros, incluyendo China, Australia y Japón.

La competencia entre los diferentes proveedores hizo que se empezara a buscar maneras de diferenciar el producto. Factores como la pureza o el sabor empezaron a entrar en juego. Los consumidores empezaron a preferir una marca respecto a las demás. En Cubers tenemos muy en cuenta estos detalles de calidad.

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Frederic Tudor anciano.

Cuando Frederic Tudor murió a los 80 años en 1864, era millonario. El hielo había dejado de ser un lujo y se consideraba una necesidad. El comercio americano del hielo natural floreció en el siglo XX, hasta que los frigoríficos y congeladores eléctricos llegaron en la década de los 30.

En Cubers nos consideramos herederos del buen hacer del Señor Tudor. Así que levantamos la copa helada con nuestros hielos tintineando y brindamos por el Rey del Hielo. ¡Por el camarada Frederic!